PARÍS



- IDEAS para VISITAR PARÍS EN 5 DÍAS
- RECORRIDO para 5 DÍAS en PARÍS

INFORMACIÓN RELACIONADA:
Hotel TRYP BLANCHE FONTAINE


ITINERARIO:
Detalle pormenorizado de 5 días fantásticos, en octubre de 2007

Miércoles - primer día
Llegamos al aeropuerto de Orly, terminal sur. Buscamos la entrada al ORLYVAL, justo allí vendían los billetes antes de subir al tren. La siguiente parada es la terminal oeste y, luego, ya, la estación de RER de Antony en unos pocos minutos. Desde allí, cogimos el RER B a la Garde du Nord, donde enlazamos en metro hasta nuestro hotel, el Tryp Blanche Fontaine.
Llegamos al hotel sobre las 21:00. Dejamos las maletas y nos pusimos en camino rápidamente hacia el Arco de Triunfo
para llegar antesde que cerraran la taquilla a las 22:00.
Metro hasta L’Étoile. Buscamos el subterráneo que lleva al centro de la plaza, sacamos la entrada para subir al arco (en la foto, la escalera de caracol que lleva arriba). Queríamos haber sacado el pase para todos los museos pero sólo lo vendían ahí hasta las 17:00.
Después, bajada por los Campos Elíseos hasta Concorde y el Obelisco. Por el camino cenamos en Hippopotamus Franklin, en 6 avenue Franklin Roosevelt, que los miércoles está abierto hasta las 00:30.



Jueves - segundo día


Salida del hotel hacia Trocadero, desde donde salen unas fotos fantásticas de la Torre Eiffel. Sobre las 9:30, hora en que abren las taquillas, ya estábamos en la torre. Había poca cola a esas horas. Sacamos la entrada para subir hasta el tercer nivel.
Bajamos andando el tramo desde el segundo al primer nivel. El resto, en ascensor.
Fuimos andando hacia la Isla de los Cisnes,
que ya habíamos visto desde arriba en la torre. Recorrimos todo el paseo de las isla, precioso en otoño, hasta la Estatua de la Libertad, que es una réplica exacta de la de Nueva York, aunque cuatro veces más pequeña (pinchando en la foto de la izquierda, se ampliará. Al final de la isla, entre la bruma, se vislumbra la Estatua).
Después fuimos hacia Los Inválidos
. Llevábamos intención de entrar al museo del Ejército, pero no llegamos a visitarlo, ya que el tiempo pasaba muy deprisa y quedaban otras muchas cosas por ver. Por el camino habíamos visto el letrero que indicaba el museo Rodin y aunque en principio no pensábamos visitarlo, preferimos ir a éste en lugar de al del Ejército.
Donde sí fuimos fue a ver la iglesia de San Luís de los Inválidos y la tumba de Napoleón. Impresionante. Hay audioguía disponible.
Después fuimos al museo Rodin
, en una visita muy rápida. Hay obras en el interior del Hotel Byron y también en el jardín, donde el ambiente es muy agradable a pesar de que hacía fresquito. Ya está puesto en la lista de las cosas a visitar más despacio en el próximo viaje. Merece mención especial El Pensador, por supuesto. Y El Beso. Preciosa. También me gustó mucho una de unas manos blancas que se llama La Catedral.
El siguiente paso fue el museo d'Orsay
. Antes de entrar, estuvimos comiendo en plan rápido en un bareto cercano. Nada destacable.
Con energías renovadas, entramos al museo, donde dedicamos como una hora y media a recorrerlo y a admirar tanto el edificio como las obras expuestas. Aparte de las obras archiconocidas, que siempre gusta encontrar y reconocer, me llamó mucho la atención un cuadro llamado L’enfant malade, de Eugéne Carrière, sobre todo la expresión del niño enfermo.
Desde el museo, fuimos a la Confitería Pierre Hermé
, en la rue Bonaparte.
Había leído sobre los exquisitos Ispahan y macarons y no quería dejar de probarlos. Esta vez hicimos el traslado en autobús, el 63, en la parada de Solferino-Bellechasee, frente al 25 de boulevard Saint Germain, dirección Gare de Lyon, hasta Saint Germain des Prés, en 147 boulevard Saint Germain.
En la confitería compramos unos dulces y buscamos un jardincito cercano para saborear las exquisiteces.
El siguiente punto en el plan era pasear por los jardines de Luxemburgo y llegar hasta el Panteón para visitar el interior, pero tuvimos que dejarlo también para otra vez, ya que no nos iba a dar tiempo a llegar antes de las 17:15, que es la hora a la que cerraban la taquilla del Panteón.
Fuimos hacia el Sena a coger el Batobus
en la parada de Notre Dame. El Batobus es algo más caro que otros barcos que hacen el paseo, pero tiene la ventaja de que hay varias paradas en las que se puede subir y bajar y, durante el día, se puede coger tantas veces como se quiera.
A la vuelta bajamos en la parada de ‘Jardin des Plantes’, que quedaba cerca del restaurante donde íbamos a ir a cenar: L’époque, en 81 rue du Cardinal Lemoine, muy cerca del metro de Cardinal Lemoine.
Después de cenar, vuelta al hotel a descansar.


Viernes - tercer día
Fuimos hasta el Pont Neuf para llegar a la Île de la Cité. La primera escala fue en La Conciergerie.
Después fuimos a La Sainte Chapelle, pero no nos quedamos porque había bastante cola para entrar y preferimos avanzar hasta Notre Dame.
La entrada en la iglesia es libre, pero hay que hacer cola para subir a lo alto de una de las torres, aunque no había mucha gente esperando y tardamos poco en iniciar los aproximadamente 400 escalones que hay hasta arriba. Durante el camino se hace un alto en la galería de las Quimeras, desde donde se pueden obtener fotos maravillosas con las estatuas y las vistas de París desde lo alto, aparte de descansar un poquito y tomar resuello para el resto de subida.
En la plaza que hay frente a Notre Dame, no olvidéis buscar un rosetón en el suelo que indica el punto cero, el inicio simbólico del kilometraje de las carreteras de Francia, algo así como el kilómetro cero de la Puerta del Sol de Madrid.
Después de encontrarlo y fotografiarlo, nos dirigimos hacia el extremo de la isla a través de la Square Jean XXIII. Justo en el extremo se encuentra el Memorial de los mártires de la deportación, que se puede visitar, si bien cuando llegamos estaba cerrado. A la tarde abrían otra vez, pero ya no nos vino bien volver. También fue a la lista de lo pendiente.
Era hora de comer y fuimos a un restaurante cercano y previamente seleccionado, del que había leído que se comía bien y no estaba mal de precio, como así fue. Maison de la Lozere, en 4 rue Hautefeuille, metro Saint Michel. Recomendable.
Después de comer, fuimos a la plaza de la Madeleine, que también vimos sólo por fuera. Creo que el interior no merece mucho la pena, aunque no tuvimos ocasión de comprobarlo. En esa plaza hay varias tiendas de delicatessen y productos típicos de alto nivel. Entramos en Fauchon y en Hédiard a hacer algunas compras.
Desde allí, a la plaza Vendome, a ver la famosa columna hecha al fundir los cañones enemigos, los escaparates de las tiendas de lujo, y la fachada del Ritz.
Nos dirigimos hacia el Louvre por calles llenas de gente y de tiendas caras, como la rue Saint Honoré o la Rivoli. Y antes de llegar al museo, hacemos un alto en la plaza Colette para fotografiar la especial entrada al metro, llamada el Kiosco de los Noctámbulos.
Y ahora ya sí, al museo. En el exterior, impresiona al tenerlo delante la famosa pirámide de cristal y las dimensiones del edificio. Pero, antes de entrar, fuimos a ver el arco del Carrusel y el comienzo de Las Tuileries, donde los pajarillos y las palomas se disputaron unas pocas migas que les echamos.
En el museo estuvimos unas 3 horas. Entramos por el Louvre medieval y seguimos por las antigüedades egipcias y griegas. Vimos la mayoría de las obras importantes a costa de ignorar la inmensa mayoría de las demás y andando deprisa por los pasillos interminables.
Imprescindible la Gioconda, cómo no, más por su fama que por el cuadro en sí. La seguridad que la rodea no la tiene ninguna otra obra, aunque había leído que no la dejaban fotografiar y allí todo el mundo hacía fotografías. Puede que el motivo es que no había demasiada gente y abran más la mano cuando es así.
En la misma sala y enfrente, los 130 personajes de las bodas de Caná, el cuadro más grande del museo, la observan por encima de los visitantes.
La Victoria de Samotracia es maravillosa desde cualquier ángulo. Y el lugar elegido para exponerla no podría ser mejor. Me impresionó su grandeza y su fuerza, que no había captado en las fotografías de los viejos libros de texto. Hay que verla y disfrutarla. Y no dejaré de volver a hacerlo si regreso a París.
También llamaron mi atención los enormes leones alados asirios y un capitel de la sala de recepciones del palacio de Darío I de Persia. El capitel es impresionante por su tamaño, cuatro metros y medio, y en la sala de recepciones había nada menos que 72.
Cuesta imaginar el tamaño de la sala y mucho más el del palacio.
Estas son sólo unas pinceladas de la enormidad del museo, y las obras que más llamaron mi atención.
Ah, y me dejaba los apartamentos de Napoleón III, dignos también de una visita.
Y ya, al final del día, agotados, después de buscar y encontrar la pirámide invertida
despedimos el día cenando en el famoso restaurante “Au pied de cochon”. Una de las peculiaridades de este restaurante es que está abierto 24 horas. No cierra nunca desde hace una buena pila de años. Y tiene la ventaja de que hay carta en español.



Sábado - cuarto día

Empezamos la mañana visitando el cementerio de Pére Lachaise. Antes de ir había preparado un plano en el que había marcado las tumbas de los más famosos enterrados allí pero, incluso así, no es tan sencillo encontrarlas. Las tumbas están amontonadas y los caminitos estrechos serpentean entre ellas sin mucho orden ni concierto. Como no queríamos dedicar allí toda la mañana, localizamos las dos primeras de la lista y prescindimos del resto, atravesando el cementerio desde la entrada principal hasta la Porte Gambetta y deteniéndonos un momento de vez en cuando frente a alguna que nos llamaba la atención.
El otoño y el día nublado le daban mucho encanto al lugar.
La siguiente etapa del día fue Bastilla. Para llegar hasta allí, desde puerta Gambetta seguimos la rue des Rondeaux hacia la izquierda hasta llegar a la plaza Martin Nadaud. Cogimos el bus 69 en el número 2 de la plaza, dirección Champs de Mars. Bajamos en BASTILLE RUE SAINT ANTOINE.
Echamos un vistazo a la plaza y al edificio de la nueva Ópera y fuimos andando por la rue Saint Antoine hasta el hotel Sully, en el número 62. Hay que cruzar el jardín del hotel y buscar la puertecita, a la derecha, que da a la plaza des Vosges, que para muchos es la plaza más bella de París.
Y, la verdad, es que es muy bonita, con sus soportales y los edificios de ladrillo rojo alrededor. No dejéis de sentaros un momento en algún banco para disfrutar del ambiente tranquilo que se respira y si veis una estatua ecuestre, daos cuenta del refuerzo que han tenido que ponerle al caballo en la panza para que no lo venza el peso del jinete. Parece que es una réplica chapuza del original, que era de bronce y no tendría este problema.
En la misma plaza está la Casa de Victor Hugo. En realidad no era su casa, sino un hotel en el que se alojó durante un tiempo. No pudimos dedicar tiempo a esa visita, quizá sea la siguiente vez.
En los soportales había cafés con mesitas, en los que habría sido muy agradable tomar un refresco o un café si los ambiciosos planes previstos para el día hubieran dejado un respiro, pero visto lo que nos quedaba por delante, decidimos continuar.
Desde la plaza des Vosges fuimos andando hacia el museo Picasso, por la rue des Francs Bourgeois, rue de Turenne, rue de Sainte Anastase y rue de Thorigny. Diré que este museo no me gustó y que no repetiré si vuelvo a París. Creo que es lo único que sobró de todo lo que llevaba planeado visitar. Pero para gustos los colores, por supuesto.
El siguiente jalón en el camino era el Centro Pompidou. Desde el museo Picasso, cogimos el bus 29 en la parada 29, PARADA ARCHIVES-HAUDRIETTES, en 6 rue des Quatre Fils, en dirección a GARE SAINT LAZARE. Bajamos en GRENIER SAINT LAZARE-QUARTIER DE L’HORLOGE. Comimos en uno de los pequeños restaurantes que están junto a la fuente de figuras de colores. Se llamaba “Dame Tartine”. Era bastante económico y no comimos mal. También tenían carta en español, muy de agradecer.
Después de comer, entramos en el centro. Afuera, en la Piazza, había mimos, gente tocando... etc. Un ambiente muy especial.
Desde la Piazza, se puede entrar al Hall del Centro por la entrada principal. Hay control de seguridad y una larga cola para pasarla. Desde otra de las calles alrededor del centro, se entra a la Biblioteca. También hay control de seguridad, pero sin cola apenas. Lo bueno es que, después, desde la Biblioteca, se puede pasar directamente al Hall sin más controles, así que con este truco se puede evitar la cola de la Piazza. No sé si esto es siempre así, pero al menos así fue cuando nosotros estuvimos.
Nos habría hecho falta la tarde entera, o más, para ver las exposiciones y espectáculos del centro, pero desgraciadamente el reloj no tenía espera y aún teníamos que visitar un museo en el que tenía mucho interés, así que también quedó apuntado en la lista de pendientes para un próximo viaje.
Cogimos el metro, línea 11 de RAMBUTEAU a ARTS-ET-METIERS, dirección Mairie des Lilas. Transbordo en ARTS-ET-METIERS, a línea 3, dirección Pont de Levallois-Becon, hasta VIILLIER. Y así llegamos al museo Nissim de Camondo.
Éste es un palacete, una casa particular de una familia. El padre fue coleccionista de objetos del siglo XVIII y, al morir su hijo en la guerra, lo dejó en su testamento, junto con todo el mobiliario y objetos al estado francés como museo a condición de que llevara el nombre del hijo muerto. Y así fue.
Sólo decir que me encantó. La audioguía era muy buena y daba un montón de información sobre cada objeto, cada habitación, las personas que la habitaron... etc. Una maravilla. Me habría gustado estar más tiempo disfrutando de esa visita que te transportaba fácilmente a otra época, pero una vez más el reloj apremiaba.
Si vuelvo a París, intentaré visitar el museo Jacquemart-André, que debe de ser de un estilo parecido, pero aún con más glamour, y mira que el Nissim de Camondo lo tiene en cantidad.
La penúltima etapa del día eran las galerías Lafayette y la Ópera Garnier. Como las galerías cerraban a las 19:30, era última hora ya de un sábado por la tarde, así que estaban a tope y no era nada cómodo comprar. Tenían un enorme árbol de Navidad ya puesto en el interior. Las luces del exterior también estaban puestas, aunque aún apagadas.
En cuanto cerraron, paseamos hasta la Ópera Garnier, allí al lado, y vimos el edificio sólo por fuera. No se podía visitar ya que estaba entrando gente para el espectáculo.
La penúltima visita prevista se convirtió en la última del día, derrengados como estábamos. Tan cansados, que ni siquiera quisimos ir a cenar a un restaurante. Muy cerca del hotel, en un Monoprix, compramos pan, fiambre y fruta y cenamos en la habitación, deseando estirar las piernas cuanto antes y descansar.
Para quien aún tenga fuerzas y ganas de alargar el día, la última visita prevista para ese día era la Torre Montparnasse. El interés de esa torre es la vista de la ciudad desde lo alto y la enorme velocidad del ascensor que llega hasta arriba, pero después de haber visto París desde el Arco del Triunfo, desde la Torre Eiffel y desde Notre Dame, pensamos que poco más podía aportar y nos convenció el cansancio.


Domingo - quinto día

Tuvimos la suerte de que ese día cambiaron la hora al horario de invierno, lo que nos permitió dormir una hora más, y realmente nos vino muy bien para descargar un poco la fatiga acumulada.
Así pudimos salir de nuevo temprano el último día hacia la guinda del pastel, la visita importante que aún nos quedaba y que habíamos dejado precisamente para esa mañana por ser la más próxima al hotel: Montmartre.
Cogimos el metro hasta Anvers y nos acercamos andando hasta la Place Suzanne Valadon para coger el funicular que sube hasta el Sacré Coeur. Se puede hacer la subida andando si se quiere, pero a esas alturas del viaje cansaba sólo pensarlo.
Y qué decir del Sacré Coeur. Precioso. Fantástico. Hermoso.
Resplandeciente. Una maravilla. No visitamos el interior. A las 11:00 había que estar en el hotel y preferimos saborear el barrio callejeando.
La ruta desde el Sacré Coeur fue por la rue du Chevalier de la Barre, place du Tertre (vacía a primera hora, mucho más animada algo más tarde cuando volvimos a pasar). Después, por la rue Saint Rustique, rue Norvins, rue des Saules hasta le Lapin Agile, en el número 22. Vuelta por rue des Saules hasta rue de l’Abreuvoir, place Dalida, Maison Rose, allée des Brouillards, rue Simon Dereure, avenue Junot buscando el pasaje M18, a la altura del número 23, donde nos espera la peña de la bruja y llegamos hasta la rue Lepic, molino de la Galette. Por último, plaza de Abbesses, con su entrada al metro art nouveau y, en el jardincito, el muro de los je t’aime, donde el “te quiero” está escrito en 311 idiomas. Un momento para buscar el texto en español y vuelta en metro hasta Blanche, donde nos despedimos del Moulin Rouge, que tantas veces, de noche y de día, hemos visto al estar tan cerca del hotel.
Recogimos las maletas y volvimos al metro. En la taquilla del metro compramos el billete hasta el aeropuerto e hicimos el recorrido inverso al que hicimos al llegar: en metro hasta Gare du Nord, en RER hasta Antony y en OrlyVAL hasta la terminal sur.
AGRADECIMIENTOS
Han sido muchas las páginas que he consultado para preparar este viaje pero ha habido 2 en particular que me han sido de gran ayuda:
Mi agradecimiento a sus autores. Sin ellos este viaje no habría sido igual.

PÁGINAS INTERESANTES EN LA PREPARACIÓN DEL VIAJE
Aparte de las ya mencionadas en el apartado anterior, me han sido muy útiles las siguientes:

- Paris Museum Pass:
http://www.parismuseumpass.com/es/home.php
- Transportes:
http://www.ratp.fr/
- Batobus:
http://www.batobus.com/
- El tiempo:
http://www.tutiempo.net/tiempo/Paris-Orly/LFPO.htm

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Victoria, muchas gracias por tu agradecimiento a mi opinion en CIAO, si puedes me la calificas para que pueda subir de nivel y se difunda mas facilmente a otras personas.
Te deseo que pronto puedas volver a Paris y disfrutes de todo lo bello que encierra y que te quedó por ver.
_
Saludos
Salther

Victoria dijo...

Acabo de evaluar tu opinión en ciao.
Muchas gracias.

clotilde dijo...

Victoria, fenomenal el relato del viaje, gracias.
Saludos

Victoria dijo...

Gracias a ti por leerlo.

Lara dijo...

Hola Victoria! muchas gracias por compartir tu viaje, me ha servido un montón para preparar el mío :D (me voy el día 1, qué ganitas tengo!). Un saludo y que sigas haciendo muchos viajes igual de fantásticos que este.

Carlos dijo...

Muy interesante tu reportaje. Buen relato, pues me dispongo a viajar a París durante 5 días y podré aprovechar algunas de tus experiencias. Gracias y un Saludo

Carlos dijo...

Buen reportaje. Me será util en el viaje de 5 días que voy a efectuar en torno a la Semana Santa. Saludos y Gracis

Victoria dijo...

Lara, me alegra que la información te haya resultado útil. Seguro que disfrutarás París, que es una ciudad maravillosa. ¡Suerte en tu viaje!

Victoria dijo...

Carlos, gracias a ti. Que tengas un muy buen viaje y disfrutes mucho de esa ciudad fantástica.

María dijo...

Hola Victoria! somos 5 amigos de Valladolid, vamos a ir 5 días a París y queríamos saber si sabes algo de la carta Orange para movernos por allí, también nos han hablado de la carta paris-visite.
Bueno un saludo y nos encanta tu blog.
Ciao

Victoria dijo...

Hola, María. Puedes encontrar mucha información sobre ambas en http://www.losviajeros.com/foros.php?t=64998
Nosotros no cogimos ninguna de las dos, comprábamos tacos de 10 billetes de metro/bus. Eché cuentas en su momento y creo que es lo que mejor nos salía para los trayectos que hicimos.